Impactos del modelo agroindustrial en Jericó

Algunos impactos derivados de la aplicación del modelo agroindustrial en Jericó y las alternativas que ofrecen las prácticas agroecológicas

Introducción

Este apartado explora, a modo de reflexión, algunos impactos derivados de la aplicación del modelo agroindustrial en Jericó tales como la expansión de la frontera agrícola, los altos índices de intoxicación aguda por plaguicidas, los monocultivos y pérdida de soberanía alimentaria así como la pérdida de saberes  tradicionales sobre el campo. En ese sentido, propone tres prácticas agroecológicas como alternativas de resiliencia socioecológica a través de la narración de tres historias y la documentación de tres prácticas: la recolección de semillas de árboles nativos, la apicultura y la diversificación de cultivos.

 

Expansión de la frontera agrícola

Jericó es un municipio del suroeste antioqueño con una extensión de 21.625 hectáreas, de las cuales 3.019 están dedicadas a cultivos agrícolas, 881 a bosques y 515 a otros usos. Su economía, según el Plan de Desarrollo Municipal 2016-2019, está basada en la actividad agropecuaria con el café como el principal producto, y otros como la gulupa o curuba redonda, el lulo, el aguacate y el tomate así como plantaciones comerciales forestales.

Fuente: Pérez, J. A. (2015). Plan de Desarrollo Municipal 2016-2019. Municipio de Jericó – Antioquia. Alcaldía de Jericó.


En el 2014, el Suroeste de Antioquia produjo 84,66% más alimentos de lo que sus pobladores consumen, especialmente de productos como plátano, tomate de aliño, huevos, banano y carne de cerdo. Esta producción de carácter superavitaria tiene como destino la comercialización en el resto del departamento y en los mencionados rubros esto significa que la subregión debe importar alimentos para satisfacer la demanda de otros productos. Para 2013, según el anuario Estadístico Agropecuario de Antioquia, Jericó era el tercer mayor productor ganadero de la subregión del Suroeste con 15.287 bovinos, antecedido por Fredonia y Urrao. Después del municipio de Andes, Jericó fue el mayor productor de plátano en el mismo año. (FAO & MANÁ, 2016).

Un estudio de Corantioquia realizado en 2006 sobre la cuenca de la quebrada Las Cruces que está localizada entre Jericó y Tarso, advierte sobre algunos usos inadecuados del suelo y del recurso hídrico principalmente causados por la expansión de la frontera agrícola con pastos no manejados y cultivos. Si bien en esta cuenca están establecidas algunas Unidades de manejo ambiental con cinco zonas de protección y dos de producción, se detectaron diversas afectaciones a la quebrada, específicamente: la extracción de especies menores para leña, extracción forestal para expansión de frontera agrícola y ganadera. Esta última, advierte el estudio, es una de las principales causas que repercutiría en la contaminación de fuentes hídricas, pérdida de biodiversidad, baja producción de la tierra, desvalorización de predios, aumento de la erosión y detrimento social de la población (Arboleda, 2006).

En 2009, el Estudio para la declaratoria de un distrito de manejo integrado de los recursos naturales renovables “Nubes – Trocha – Capota” (Ortiz, 2009) también documentó diversos conflictos ambientales asociados al aumento de la frontera agropecuaria, pérdida y fragmentación de la vegetación nativa y aumento insostenible de áreas boscosas en tres unidades fisiográficas que tienen jurisdicción en Jericó: Unidad 2: entre las veredas La Cascada, El Castillo, La Sola y La Leona, en cuya unidad se encuentra el alto Las Nubes, una zona protegida por el sistema de parque naturales nacionales; Unidad 4: entre las veredas  Canaan de Tarso; La Cascada, El Castillo y Cauca de Jericó; y Unidad 7: entre las veredas entre las veredas La Linda y El Cedrón del municipio de Tarso; La Cascada, La Sola, Guacamayal, Los Aguacates y La Pradera del municipio de Jericó; y El Cedrón y Patudal de Pueblorrico, donde se encuentran los principales nacimientos de que surten los acueductos veredales y municipales.

Por otra parte, si se considera que el pequeño productor agrícola en Colombia es el responsable de «al menos la mitad de la producción agrícola» del país y concentra la mayor proporción de población rural en edad de trabajar como uno de los grupos humanos más desprotegidos y vulnerables (Lamprea, 2017, p. 13), este panorama no solo supone un riesgo para la soberanía alimentaria de los habitantes de esta región del suroeste antioqueño y del país y su biodiversidad, sino que sugiere la necesidad de reflexionar sobre los usos del suelo, tanto desde su dimensión económica hasta su dimensión cultural y simbólica.

 

Altos índices de intoxicación aguda por plaguicidas

Si bien se tienen datos escasos de las intoxicaciones por plaguicidas agrícolas en Colombia por falta de registros, cuenta la profesora Sara Márquez Girón, directora de la seccional Suroeste de la Universidad de Antioquia y doctora en agroecología, que apenas se están dando los resultados de las intoxicaciones y de un grave deterioro de recursos como el suelo y el agua. “Todo esto es una cadena; si yo ataco la biota del suelo, se me va a afectar tanto el suelo como el recurso hídrico. Esto, sumado al cambio climático, está arrasando con mucha parte de los recursos naturales debido a que se eliminan varios de los estratos del suelo que teníamos cuando los cafetales se hacían bajo guamos, frutales y nogales. Es una lástima lo que ha pasado en el Suroeste”, concluye.

En relación con el manejo de plaguicidas para los cultivos agrícolas de café y gulupa, un estudio de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia encontró que en los últimos años Jericó ha concentrado una de «las tasas más altas de intoxicación aguda por plaguicidas agrotóxicos en el departamento» (Cardona & Pino, 2016, p. 15). Dicho estudio se realizó en cuatro fincas: dos certificadas y dos nos certificadas y pese a que la tecnificación supondría mejores prácticas, el estudio encontró que la tareas realizadas en ambos tipos de finca resultaron ser similares y en cuanto al uso de plaguicidas, incluso las no certificadas usaron plaguicidas en menor proporción o no los usaron y en general los trabajadores se encontraban desinformados sobre el riesgo y uso de los plaguicidas. Esto no solo supone un escenario de riesgo para la vida de los campesino sino que sugiere la necesidad de generar herramientas de información, reflexión y divulgación sobre el empleo de plaguicidas.

En plantaciones como la del café,  la gulupa y el tomate que se presentan en formas de cultivo intensivas, el problema, según Carlos Mario Orozco Castañeda, agrónomo del Jardín Botánico de Medellín, es el uso de agroquímicos que al romper el equilibrio del ecosistema, incide en la proliferación algunas unas plagas y enfermedades; además, van incrementándose porque “generan resistencia y tienen la capacidad de mutar, de transmitir sus genes de resistencia a los insectos de las próximas generaciones. Entonces terminan generando insectos cada vez más resistentes y se vuelve un círculo vicioso. Cada vez habría que aplicar insecticidas o fungicidas más fuertes”, concluye el agrónomo.


Monocultivo y pérdida de soberanía alimentaria

Previo a los impactos ocasionados por la Revolución verde, la cual promovió formas masivas de producción agrícola que privilegiaron métodos industriales en países definidos en vía de desarrollo, el suroeste tenía una vocación principalmente agrícola, e incluso se habla de que era una despensa de alimentos para esta subregión y para el resto de Antioquia, en esta región en la que predominaban los cultivos diversificados.

Con la bonanza de la economía cafetera en los 70, el suroeste y así mismo el resto de las zonas cafeteras del país, comenzaron un proceso de producción intensiva del café. Y si bien se trataba de una extensa producción del café, según Sara Márquez Girón, directora de la seccional Suroeste de la Universidad de Antioquia y doctora en agroecología, esta se generaba en sistemas de policultivo en los tres estratos: alto, medio y bajo; que además se sembraban con otros arbustos como ciertos frutales y también cultivos de pancoger dentro del mismo cafetal como el maíz, el fríjol, la yuca.

Para la década de los 90, “lamentablemente los cultivos intensivos desplazaron todo ese desarrollo agroecológico endógeno que había en la región y nos lo cambiaron por monocultivos muy intensivos, con altísima dependencia de insumos externos, agroquímicos en general. Esto apenas está empezando a presentar las primeras problemáticas de intoxicaciones y demás aquí en la región del Suroeste”, agrega la profesora Sara. Entonces para poder acceder a ciertas ayudas o subvenciones por parte de cooperativas o comités departamentales de cafeteros, “la exigencia era arrasar con todo y dejar únicamente el monocultivo”, concluye.

Esta forma de producción ha hecho más dependiente al campesino de los productos agroquímicos que demandan las formas intensivas de cultivos las cuales degradan los suelos y ponen en riesgo la biodiversidad. Desde una perspectiva ecológica, por ejemplo, “una de las grandes afectaciones de los monocultivos es que fragmentan los corredores de vida silvestre porque la fauna silvestre no encuentra la misma disponibilidad de alimentos que encontraría en los ecosistemas naturales”, explica Carlos Mario Orozco Castañeda, quien además aclara que este tipo de plantaciones propicia la adaptación y propagación de plagas específicas que se vuelven muy resistentes a la aplicación de plaguicidas, como ya se había mencionado arriba en el texto.

Específicamente para Jericó la tendencia es hacia el incremento de monocultivos de pino tal como se muestra en los siguientes datos. Según el Anuario Estadístico de Antioquia de 2016, las plantaciones forestales comerciales registradas por el instituto Colombiano Agropecuario ICA para 2010 en Jericó fueron de Pinus maximinoi (468 hectáreas); para 2012 Pinus maximinoi (706, 2 hectáreas), Pinus tecunnumanii (51 hectáreas); y para 2016 Pinus maximinoi (985 hectáreas), Pinus patula (2,94 hectáreas) y Pinus tecunumanii (122 hectáreas).


Con esta tendencia, se perdieron muchos desarrollos agroecológicos que se daban en la región. Sin embargo aún persisten dentro de los pequeños productores algunas prácticas asociadas a la diversificación de cultivos y de formas tradicionales de cultivo y labranza que privilegian una agricultura libre de agroquímicos.

 

Pérdida de saberes tradicionales sobre el campo

La prevalencia de métodos de producción industriales asociados al avance tecnológico y científico para la explotación del ambiente, han traído consigo el desplazamiento y la transformación e incluso la desaparición de los saberes tradicionales sobre el ambiente que las comunidades han acumulado a lo largo de su existencia (Abasolo, 2011). La tradición oral ha sido el vehículo y repositorio de todo un conjunto de saberes que las comunidades, sobre todo campesinas e indígenas, han construido por complejos procesos culturales. Sandra Turbay (2011), en su artículo Los animales de monte en la tradición oral del Caribe colombiano, bien expresa el sentido de estas relaciones:

«Los campesinos poseen un conocimiento sobre cada especie, que incluye nociones sobre su morfología, hábitat, alimentación, modo de reproducción e importancia en las cadenas ecológicas. Este saber se complementa con un conjunto de actitudes que tienen consecuencias para la supervivencia de las especies. (…) Además de los conocimientos y de las actitudes, existen creencias sobre el carácter curativo, mágico o premonitorio de ciertos animales. Los conocimientos, las actitudes y las creencias son compartidos por la mayoría de los pobladores y dan origen a construcciones simbólicas que condicionan las respuestas a los estímulos del medio y tienen consecuencias en el contexto práctico, cotidiano de la relación entre los pobladores y el mundo animal» (pp. 293-294).

Es así como en América Latina, la agroecología se sobrepone como alternativa a los impactos a nivel social y ambiental de la agricultura moderna que se apoya sobre alta tecnología (Foyer et al, 2014).

Por anteriormente expuesto es que esta investigación rescata tres historias alrededor de tres prácticas agroecológicas de Jericó: la recolección de semillas de árboles nativos, la apicultura y la diversificación de cultivos; con lo cual propone una narrativa que va desde algo pequeño como las semillas, pasando por un polinizador como las abejas, hasta lo más complejo que es un sistema de cultivo diversificado. Esta selección permite ver tres niveles sobre los que tres pobladores locales desarrollan prácticas agroecológicas a través de su oficio y los saberes que de manera empírica y por tradición oral y de usos se han transmitido por generaciones. Este trabajo reivindica dichas prácticas como una alternativa al modelo agroindustrial y da cuenta de la importancia de estas en el aporte a procesos de resiliencia socioecológica.


Referencias

Abasolo Palacio, V. E. (2011). Revalorización de los saberes tradicionales campesinos relacionados con el manejo de tierras agrícolas. En: Iberóforum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, vol. VI, núm. 11, enero-junio. Pp. 98-120.

Anuario Estadístico de Antioquia. (2016). Dispinible en: http://www.antioquiadatos.gov.co/index.php/anuario-estadistico-home

Arboleda, G. M. (Corantioquia). (2006). Diagnóstico ambiental de la cuenca de la quebrada Las Cruces, ubicada entre los municipios de Tarso y Jericó, Antioquia. Medellín, Colombia. S. E. Disponible en http://www.corantioquia.gov.co/ciadoc/FLORA/AIRNR_CN_6855_2006.pdf

Cardona, N. y Pino, L. M. (2016). Exposición laboral a plaguicidas en una muestra de trabajadores de café y gulupa mediante una matriz de tarea-exposición en el municipio de Jericó, Antioquia entre enero y mayo 2016. (Tesis de especialización). Universidad de Antioquia, Medellín.


FAO. (2014). Agricultura Familiar en América Latina y el Caribe: Recomendaciones de Política. Santiago , Chile: Salcedo, Salomón.

FAO & MANÁ. (2016). Sistema de Abastecimiento Alimentario. Bases para la Inclusión de la Agricultura Familiar. Propuesta para modelos de abastecimiento alimentario. Subregión Suroeste Departamento de Antioquia Colombia. Medellín, Colombia. S.E.

Foyer, J.; Jankowski, F.; Blanc, J.; Georges, I. Kleiche-Dray, M. (2014). Saberes científicos y saberes tradicionales en la gobernanza ambiental: La agroecología como práctica híbrida. Collaborative Research Project ENGOV – Environmental Governance in Latin America and the Caribbean: Developing Frameworks for Sustainable and Equitable Natural Resource Use. Disponible en: http://agritrop.cirad.fr/577336/1/Working_Paper_ENGOV_14_Foyer_etal.pdf

Lamprea Montealegre, E. (coordinador). (2017). Soberanía alimentaria agroecología y “gentrificación” de lo rural. Bogotá: Ediciones Uniandes.

Machado, A. y Botello, S. (2014). La Agricultura Familiar en Colombia Informe del proyecto  Análisis de la pobreza y de la desigualdad en América Latina. Serie Documentos de Trabajo N° 146. Grupo de Trabajo: Desarrollo con Cohesión Territorial. Programa Cohesión Territorial para el Desarrollo. Rimisp, Santiago, Chile. Disponible en: http://bit.ly/2Q1MbUO


Ortiz, P. (Corantioquia). (2009). Estudio para la declaratoria de un distrito de manejo integrado de los recursos naturales renovables “Nubes – Trocha – Capota”. Medellín, Colombia. S.E. Disponible en http://190.109.167.188:83/imagenes/SIAD/EC_APROT_DOC_PM_DMI_NUBES_TROCHA_CAPOTA_2009.PDF

Pérez, J. A. (2015). Plan de Desarrollo Municipal 2016-2019. Municipio de Jericó – Antioquia. Alcaldía de Jericó.

Schneider, F. (2014). Criterios generales para la agricultura familiar. Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA). Bogotá, Colombia.

Turbay, S. (2007). Los animales de monte en la tradición oral del Caribe colombiano. En: Revista de Literaturas Populares VII-2 (2007): 293-317. Ciudad de México.

 

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